Yunquera de Henares

Noticias Especiales Crónica de Eugenio Molina sobre el vertido de lodo rojo en Hungría
Crónica de Eugenio Molina sobre el vertido de lodo rojo en Hungría PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 07 de Diciembre de 2010 14:24

El Yunquerano se encuentra en la Universidad de Pannonia, situada en la ciudad de Vezprém, gracias a una beca para ampliar sus conocimientos en el campo de la medición de la calidad del agua

Eugenio Molina en la zona de la catástrofe medioambiental

Desde el momento en que se me ofreció la posibilidad de compartir con todos mis vecinos y amigos la experiencia que estoy viviendo en Hungría (lo cual agradezco profundamente), no dudé en sacar unos minutos para escribir estas líneas.

Estoy realizando una estancia de dos meses en  la Universidad de Pannonia (Vezprém, Hungría) para aprender a utilizar un índice de calidad del agua basado en las poblaciones de fitoplancton, adaptado a la Directiva Europea Marco del Agua, y así poder aplicarlo después en los estudios que estamos realizando en España.

Honestamente, no creo que esto resulte de interés general, pero también he tenido la suerte de aterrizar a escasos 30 kilómetros del lugar donde se ha producido el accidente de la ruptura de la balsa de lodo rojo que seguramente todo el mundo habrá visto por televisión. La suerte ha sido doble, porque el pasado miércoles (17 de noviembre) pude ir a la “zona cero” de la catástrofe con unos compañeros que están estudiando la afección a las aguas tras el desastre.

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Presa destrozada por el lodo rojo

Y realmente soy afortunado, porque estaba allí de manera “ilegal”. Antes de llegar a la zona de la catástrofe, un control policial nos solicitó la licencia especial que se necesita para acceder a la zona, de la que sólo disponen los habitantes de los municipios afectados y los investigadores acreditados. Mis compañeros dieron la licencia al policía, que obviamente no comprobó nuestros DNI.


La panorámica que se puede observar es devastadora. El accidente se produjo el 4 de octubre, derramándose un millón de metros cúbicos de lodo rojo y cubriendo más de 40 km2 de terreno (casi como los términos de Yunquera y Fontanar juntos). Los dos municipios más afectados han sido Kolontar, de 900 habitantes, justo al lado de la balsa, y Devecser, de 5.000, a cuatro kilómetros. En Kolontar la ola de lodo alcanzó 1,5 metros de altura, y gran parte de las viviendas han sido o están siendo derribadas porque han quedado completamente destrozadas, incluso algunas recién construidas. El lodo se concentró en el río Torna y llegó a Devecser con gran velocidad y altura (en parte debido a la canalización del cauce), quedando los barrios más próximos al cauce con un aspecto desierto, como en las películas del lejano oeste. Los vecinos más pudientes o con familiares han abandonado los municipios, que ahora están poblados mayoritariamente por personas de etnia gitana.

Excepto la fotografía aérea de la presa rota, el resto fueron tomadas por mí, un mes y medio después de la catástrofe (aunque no pude hacer fotos de las viviendas más afectadas porque hay mucha policía). Queda mucho por arreglar y las labores de limpieza y recuperación son lentas. Lo peor es escuchar las historias personales. En Devecser me presentaron a un señor que tiene quemadas completamente las dos piernas, porque cuando la ola de lodo rojo llegó, tuvo que sacar de casa a su madre y a su padre y después ir a casa de su hermano, que estaba durmiendo porque ese día tenía turno de noche y estaba durmiendo. Llamó al 112 y le dijeron que lamentablemente no podían hacer nada por él.

El balance del accidente ha sido de 9 personas muertas, todas de Kolontar, y 122 heridos con quemaduras químicas. Obviamente, grandes daños económicos por las viviendas, bienes y cultivos perdidos, que se traducirán en un coste de decenas de millones de euros y más de un año de labores de recuperación. Finalmente, un notable daño ambiental, destacando la pérdida de todo tipo de vida en los ríos Torna y Marcal. Afortunadamente, el vertido no es altamente tóxico, porque no contiene elevadas concentraciones de metales pesados. El componente más problemático es el óxido de sodio, que confiere un pH muy elevado al lodo y ha sido el responsable de las quemaduras químicas y de la pérdida de vida en ríos y suelos, pero el CO2 del aire lo transforma a carbonato de manera natural. Según los expertos, el lodo no ha penetrado en profundidad, y con la retirada de los 15 primeros centímetros de suelo, estos volverán a ser aptos para la agricultura.


Todavía no existe una explicación oficial de las causas de la catástrofe, pero la más aceptada parece atribuir la ruptura de la presa a la gran cantidad de lluvias acaecidas en Hungría durante este año. El Ministerio de Medio Ambiente Húngaro mandó construir a la empresa una barrera subterránea para impedir las infiltraciones de lodo más allá de la presa. Después de tantas lluvias, el acuífero tenía tanta agua que por presión rompió la barrera subterránea, fluyendo el agua a través de ella y ocasionando un colapso que hizo que el muro se derribase. La asociación ecologista WWF advierte que en fotos aéreas de junio ya se observa cierto daño y flujo a través de la presa y que el desastre podría haber sido evitado, sin embargo, la empresa responsable (MAL) afirmó que la última inspección no mostró ningún signo de debilidad. La realidad es que el gobierno húngaro ha considerado que el accidente se debe a un error humano y se ha hecho con el control de la compañía, cuyo director ha sido arrestado por “negligencia criminal, que ha dado lugar a una catástrofe pública”.

Finalmente, este desastre se puede comparar un caso más cercano a nosotros, como fue el desastre de Aznalcóllar, en 1998. El daño ambiental y agrícola del vertido de Aznalcóllar ha sido mucho más severo. Primero, porque el vertido fue de 4,5 millones de metros cúbicos (sólo uno en Hungría) y el lodo era mucho más contaminante, pues era residuo ácido de minería que contiene altas concentraciones de metales pesados, afectando al Parque Nacional de Doñana, y con labores de limpieza que duraron 3 años y costaron cerca de 240 millones de euros. Sin embargo, la superficie afectada fue similar (44 Km2) y el vertido de Aznalcóllar no afectó directamente a municipios y no hubo muertos ni apenas daños materiales.

Espero que la historia haya resultado interesante. Podéis ver más fotografías en la página web de El País.

Ojalá los gobernantes de todo el mundo pongan verdadero empeño en evitar que catástrofes como esta no vuelvan a suceder.

Aprovecho la ocasión para enviaros a todos un cariñoso saludo desde tierras húngaras.

 





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